Compártelo

El 2018 está a punto de finalizar y muchas personas, entre las que me incluyo, empezamos a hacer balance de cómo ha sido este año. Valoramos los logros que hemos conseguido, los viajes que hemos realizado, las personas que hemos perdido, aquellas metas que nos habíamos marcado y se nos resisten, retos que nos planteamos y ni tan siquiera hemos iniciado…

Tomamos como punto de inflexión el comienzo de un nuevo año para enterrar lo malo y pasar página. Una página que comenzará con las doce campanadas del 2019 y que se llenará de buenos deseos y objetivos que queremos alcanzar. Recuerdo, desde pequeña, escribir con ilusión mis deseos para el año nuevo junto con mi hermana y mi madre. Aquello era todo un ritual, pues cada una escribía sus deseos sin que las demás pudiesen verlos y los manteníamos durante toda la cena debajo de nuestras servilletas. Más tarde, mientras comíamos las uvas, en la otra mano cada una agarraba su papelito con ilusión mandando toda su buena energía. En mi casa la tradición era guardarlo, al menos, hasta el año siguiente y, así, poder leerlo un año más tarde y ver lo que había ocurrido. Con los años, fui dándome cuenta de los “errores” que cometía a la hora de plantear mis objetivos y mis estrategias para conseguirlos. Por este motivo he decidido escribir esta entrada, para ayudarte a clarificar y a conseguir más fácilmente lo que deseas. Ahí van unas claves:

  • La primera clave quizá pueda sonar muy obvia, pero no lo es tanto. Piensa realmente qué es lo que quieres. Muchas veces ni tan siquiera sabemos explicar lo que queremos. Me ha ocurrido, en muchas ocasiones, leer mis propósitos de otros años y decirme a mí misma “¡Si yo no quiero esto!”. Por eso, lo primero y más importante que tendrás que hacer, será este trabajo de clarificación contigo mismo.
  • A la hora de redactar los objetivos es mejor hacerlo en positivo. Has de ser consciente del poder maravilloso que tienen las palabras y hay una gran diferencia entre escribir “No me enfadaré tanto ni seré tan refunfuñona” a “Intentaré relativizar y dar la importancia que cada cosa merece”. Si te fijas, en el primer caso, nos estamos etiquetando de forma negativa a nosotros mismos, mientras que, en el segundo estamos destacando una habilidad positiva que nos gustaría tener. Además el hecho de utilizar la palabra “intentaré” nos da un margen compasivo, entendiendo que el cambio no será de un día para otro y que, puede que haya situaciones, en las que aún me cueste no enfurruñarme.
  • Tus objetivos han de ser específicos y concretos: pongamos, por ejemplo, que quieres realizar más ejercicio físico. Un objetivo inespecífico en este sentido sería “Haré más ejercicio”, sustitúyelo por “Haré ejercicio físico tres veces por semana” o, mejor aún, “Haré bicicleta dos días a la semana (martes y jueves) de 17 a 18 horas y pilates un día a la semana (lunes) en el mismo horario”. ¿Ves la diferencia? Los objetivos cuanto más concretos mejor, ya que así tendrás una cita contigo mismo a la que no podrás fallar. Otro truco, hasta crear el hábito deseado, es poder hacer el propósito con un amigo para así tener una presión mayor y ser un apoyo recíproco.
  • Redacta tus objetivos en presente “Tengo un trabajo maravilloso en el que…” y visualiza ese trabajo que tanto deseas y a ti mismo realizándolo, visualízate incluso cogiendo el coche, tren, metro o autobús para llegar a ese lugar. Y así con cualquier cosa que quieras conseguir. Obviamente no basta con esto, si te quedas en tu sofá solo visualizando, de nada o de poco servirá, más que para soñar despierto. Para esto es fundamental la siguiente clave, ¡atento!
  • Traza un plan de acción. Sea lo que sea que quieres, piensa en todo aquello que necesitarías hacer para que se cumpla. ¡Escríbelo! Es muy útil escribir, yo, por ejemplo, soy doña libretas, ni sé las que tengo. Aparte de en tu mente, plásmalo en un papel, esto te ayudará a clarificar tus ideas y los pasos que tienes que seguir. Además, márcate un plazo para cada acción. Y ya si me permites otra recomendación, te diré que lo de escribir sirve para todo, también para sacar lo malo, lo que duele, lo que ahoga. Como dijo Charles Bukowski “Escribir sobre las cosas me ha permitido soportarlas” y qué razón tenía. La escritura es una herramienta muy potente y totalmente terapéutica.
  • Sé realista. Muchas veces nos marcamos metas muy poco realistas, esto no quiere decir que te conformes, en absoluto, todo lo contrario, ¡SUEÑA GRANDE! Pero contempla las limitaciones que pueda haber y el tiempo que necesitarás para cumplir tu sueño entendiendo que las cosas importantes, generalmente, son procesos que llevan un tiempo en el que uno debe sembrar y cuidar su siembra para, más tarde, recoger los frutos.

Espero que te sean útiles estas claves y que las pongas en práctica. Y, sobre todo, te deseo un maravilloso comienzo de este año nuevo que está ya aquí mismo.