Cuando necesitas gustar a todo el mundo: el precio de buscar aprobación

¿Te cuesta decir que no por miedo a decepcionar a alguien?

¿Te preocupa demasiado lo que los demás puedan pensar de ti?

¿Necesitas sentir que gustas, que te valoran o que están contentos contigo para sentirte bien?

A todos nos importa, en mayor o menor medida, lo que los demás piensan de nosotros. El problema aparece cuando necesitamos constantemente su aprobación para sentir que somos suficientes.

Entonces dejamos de preguntarnos qué queremos nosotros y empezamos a vivir pendientes de lo que esperan los demás.

¿Por qué necesitamos gustar a todo el mundo?

La necesidad de aprobación puede tener diferentes orígenes.

A veces aprendemos desde pequeños que ser aceptados significa adaptarnos, agradar o cumplir las expectativas de los demás.

Otras veces aparece después de experiencias de rechazo, críticas o relaciones en las que hemos sentido que teníamos que ganarnos el cariño.

Poco a poco podemos interiorizar una idea:

“Si gusto, me aceptarán. Si decepciono, pueden dejar de quererme.”

Y empezamos a comportarnos en consecuencia. Decimos que sí cuando queremos decir que no. Callamos lo que pensamos para evitar conflictos. Nos adaptamos continuamente. Pedimos opinión antes de tomar decisiones.

Y cuando alguien se enfada con nosotros, aunque sepamos que no hemos hecho nada malo, sentimos una enorme necesidad de arreglarlo.

Cuando agradar a los demás te hace olvidarte de ti

Buscar aprobación constantemente puede parecer, a simple vista, una forma de ser amable o empática.

Pero existe una diferencia importante entre querer cuidar a los demás y necesitar agradarles.

Cuando necesitas gustar, tus decisiones empiezan a depender de cómo crees que serán recibidas.

Y puede resultar difícil responder a preguntas tan sencillas como:

¿Qué quiero yo?

¿Qué necesito?

¿Qué pienso realmente?

¿Qué siento?

Porque has aprendido a mirar primero hacia fuera.

El problema es que, cuando intentamos adaptarnos a todo el mundo, terminamos alejándonos de nosotros mismos.

El miedo a decepcionar

Una de las consecuencias más frecuentes de la necesidad de aprobación es el miedo a decepcionar.

Puedes pensar:

“Si digo que no, se enfadará.”

“Si pongo este límite, pensará que soy egoísta.”

“Si digo lo que pienso, quizá deje de quererme.”

“Tengo que hacerlo bien para que estén orgullosos de mí.”

Pero decepcionar a alguien no significa necesariamente haber hecho algo malo.

No puedes vivir intentando evitar que nadie se sienta incómodo contigo.

Los demás pueden enfadarse, estar en desacuerdo o sentirse decepcionados con alguna de tus decisiones.

Y eso también forma parte de relacionarnos.

Aprender a poner límites

Cuando necesitas gustar, poner límites puede resultar especialmente difícil.

Porque un límite implica, en ocasiones, aceptar que alguien puede no estar de acuerdo contigo.

Aprender a decir “no” no significa convertirte en una persona egoísta.

Significa reconocer que tus necesidades también importan.

Puedes decir:

“Hoy no puedo.”

“Esto no me apetece.”

“Prefiero hacerlo de otra manera.”

“No estoy de acuerdo.”

Sin tener que justificarte constantemente.

Y, sobre todo, sin necesitar que la otra persona apruebe tu decisión para sentirte tranquila/o.

¿Qué hay detrás de la necesidad de aprobación?

Muchas veces, detrás de la necesidad de gustar no hay simplemente un deseo de caer bien.

Puede haber miedo al rechazo, inseguridad, baja autoestima o temor a perder el vínculo con los demás.

Por eso, trabajar únicamente la conducta —por ejemplo, aprender a decir que no— puede no ser suficiente.

También es necesario trabajar la creencia que hay detrás:

“¿Qué creo que ocurrirá si alguien no está de acuerdo conmigo?”

Quizá aparezca el miedo a ser rechazado, a dejar de ser querido, a quedarse solo, a no ser suficiente.

Ahí es donde puede comenzar un trabajo psicológico más profundo.

No necesitas gustar a todo el mundo

Hay algo liberador en aceptar que no podemos gustar a todo el mundo.

Habrá personas que no te entiendan, personas a las que no les guste tu forma de ser, personas que no estén de acuerdo con tus decisiones.

Y eso no significa que haya algo malo en ti.

Tu valor no puede depender de la cantidad de personas que te aprueban.

Quizá el objetivo no sea conseguir que todo el mundo te quiera.

Quizá sea poder ser tú misma/o sin sentir que tienes que ganarte constantemente el derecho a ser aceptada/o.

Porque cuando dejas de vivir pendiente de gustar a los demás, aparece una pregunta mucho más importante:

¿Me gusto yo cuando dejo de intentar gustar?

Y quizá aprender a responderla sea uno de los caminos más importantes hacia una autoestima más sana.

Cuando pedir ayuda puede ser útil

Si sientes que necesitas constantemente la aprobación de los demás, que te cuesta poner límites, que tienes mucho miedo al rechazo o que sueles anteponer las necesidades de otros a las tuyas, un proceso de terapia puede ayudarte a comprender de dónde viene esta necesidad y a construir una relación diferente contigo misma/o.

No se trata de dejar de importarte lo que sienten los demás.

Se trata de dejar de necesitar su aprobación para sentir que estás bien contigo.

2 comentarios en “Cuando necesitas gustar a todo el mundo: el precio de buscar aprobación”

  1. Me siento bastante identificada con lo que has escrito ,estoy en proceso de poner limites y realmente es bastante difícil pero poco a poco lo voy consiguiendo.
    Gracias

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