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Examen tipo test con una sola opción de respuesta posible:

¿Qué soy yo?

a)Una patata

b)Un jarrón

c)Un ser humano

Si tu respuesta elegida es la C sigue leyendo…

Te voy a contar algo sobre los humanos, algo de lo que ya te habrás dado cuenta y es que las personas tenemos un cuerpo, unos pensamientos y unas emociones entre otras cosas y además estos “cuerpos” físico, mental y emocional (también espiritual) interactúan entre sí y están interconectados. Si se produce cambio en uno de ellos, inevitablemente los otros “cuerpos” también se moverán al igual que si se tratase del engranaje de un reloj.

Te voy a poner un ejemplo muy típico de las personas que sufren un trastorno de ansiedad. La persona está sentada viendo la televisión y, de repente, le dan unos pinchazos en el corazón (sensación física), estos irán acompañados de unos pensamientos del tipo “¿será un infarto?”, “algo malo me está ocurriendo”… y también aparecerán emociones, probablemente miedo, agobio, ansiedad, incertidumbre…

¿Lo ves? No podemos separar cuerpo, mente y emociones. Somos un todo, un conjunto.

Sentir emociones es algo hermoso, nos permite vivir y disfrutar la vida de una forma intensa. Pero, ¿existen emociones positivas y emociones negativas? Está claro que si alguien nos habla en estos términos todos entendemos que emociones positivas serían, por ejemplo, la alegría, satisfacción, felicidad… y emociones negativas la rabia, tristeza, enfado… Pero yo prefiero no referirme a las emociones como positivas y negativas porque eso da a entender que algunas son buenas y otras son malas y esto no es así.

TODAS las emociones son necesarias y cumplen una función. Sin la ira, el enfado, la tristeza no podríamos vivir y seguramente nos hubiésemos extinguido como especie si viviésemos sin miedo. Estoy de acuerdo en que hay emociones más agradables y que nos suele gustar sentir y otras emociones que son desagradables, incómodas y no nos gusta sentir. Por eso, ante estas últimas solemos luchar, tratar de taparlas, no querer sentirlas, evitarlas… sin darnos cuenta de que, de esta forma, no las estamos gestionando sino tratando de controlarlas. Así es frecuente escuchar a personas (incluso profesionales de la salud) decir cosas como “controla tus emociones” y te diré que ES IMPOSIBLE CONTROLAR LAS EMOCIONES. Eso sí, puedes aprender a gestionarlas, manejarlas o regularlas, pero nunca controlar algo tan incontrolable como la emoción.

¿Te has preguntado alguna vez porque no nos cuesta nada aceptar la felicidad y, sin embargo, nos cuesta tanto aceptar la tristeza? Pues bien, cuando estamos felices no tratamos de huir de esa emoción, simplemente nos permitimos sentirla y ya está. En cambio, cuando estamos tristes, como no nos gusta sentirnos así, tratamos de distraernos con cosas e incluso el entorno no hace más que decirnos frases como “no estés triste” (lo hacen con buena intención, lo sé y no tienen la culpa, al final, no se nos ha enseñado a gestionar ese tipo de emociones, al contrario, se nos ha enseñado a evitarlas). Y así, poco a poco, desde niños es como nos vamos desconectando de toda nuestra sabiduría interna, de nuestras sensaciones físicas, de nuestros sentimientos y vivimos en la mente y queremos controlar la emoción desde ahí “tienes que estar bien”, “”no llores”, “hay mucha gente peor que tú”… El primer paso para conectar con la emoción es validarla, darla el espacio que merece. ¿Sabes cuál es el primer paso para regularla? Permitirte sentirla, reconocer esa emoción en ti y validarla y aceptar que está bien que esté ahí sin tratar de taparla y si tienes que llorar se llora y si tienes que patalear se patalea y si necesitas retirarte solo a una habitación pues se hace. No tienes que tener la sonrisa en tu cara todo el día si no lo sientes así. Solo transitando por la oscuridad podrás llegar a la aceptación y la gestión de esa emoción.

Habrá segunda parte…