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En la primera parte de este artículo (si no lo has leído te invito a hacerlo, puedes encontrarlo también en mi web) te hablaba de los primeros pasos que tenemos que tener en cuenta para gestionar nuestras emociones.

Te recuerdo brevemente que el primer paso (como para casi todo) es darte cuenta, ser consciente de que estás sintiendo algo. Después diferenciar esa emoción, es decir, ¿qué estoy sintiendo? Y tras esto te hablaba de la importancia de darle espacio a esa emoción y permitirte sentirla, aunque pueda resultar difícil a veces.

¿Qué es dar espacio a la emoción? No tratar de huir de ella, solo ser consciente de que está ahí y que viene acompañada por una serie de sensaciones físicas y de pensamientos. Muchas personas me comentan su miedo a permitirse sentir las emociones más desagradables, por una parte, por lo que se puedan encontrar (incertidumbre ante hacer algo diferente a lo que se ha estado haciendo hasta ahora) y, por otra parte, miedo a después no poder “salir” de ese estado. Por ejemplo, si me permito sentir tristeza, ¿igual me podré quedar en un hoyo y sumirme en un estado de depresión? Es humano sentir este miedo, pero sentir la emoción no quiere decir quedarse atrapad@ en ella. Es decir, puedes permitirte sentir la emoción sin quedarte enganchad@ a ella.

Te explico entonces cuál sería el siguiente paso: la aceptación, pero no entendiendo la aceptación como algo pasivo sinónimo de resignación o de victimismo. Al contrario, aquí te hablo de una aceptación activa en la que tú tomas las riendas y te responsabilizas de la situación. Aceptar requiere de valentía, madurez y conexión con el momento presente. Una vez que eres consciente de lo que sientes y transitas por tu emoción y te permites llorar, no hablar, retirarte sol@ o lo que sea que necesites, llegará un momento en el que puedas notar que entras en bucles mentales dando vueltas a lo mismo o que te sorprendas enganchad@ a esa emoción y puedas incluso victimizarte. Cuando esto ocurra o antes (si eres capaz de darte cuenta antes) ha llegado el momento de hacerte la siguiente pregunta, ¿qué puedo hacer yo en este momento, aquí y ahora para sentirme mejor? Esto es gestionar la emoción de forma adecuada. Piensa en lo que en esa situación con las herramientas de las que dispones podrías hacer para sentirte mejor.

A veces, a mis pacientes les propongo hacer una lista de cosas que les hacen sentir bien para que en estos momentos puedan recurrir a dicha lista ya que cuando tenemos la mente nublada puede que no se nos ocurran cosas en ese momento. En esta lista podrás escribir cosas como: ir al monte, hacer deporte o abrazar a mis sobrinos, pero también es importante que haya cosas que puedas hacer casi en cualquier momento como: conectar con mi respiración, hablar con una amiga, observar el cielo y sus colores, pintar… Haciendo esto, quizá no te sientas bien de golpe. Por ejemplo, si estás atravesando un duelo es lógico que puedas sentirte triste, enfadad@, con rabia o cualquier otra emoción y que, probablemente, este estado dure un tiempo (depende mucho el grado de cercanía que tuvieses con la persona, la relación, las circunstancias…), pero seguro que las emociones van variando y se van viviendo de otra forma.

Recuerda, no es malo sentir las emociones desagradables, al contrario, es humano y necesario.

Te resumo los pasos para gestionar la emoción:

  • Ser consciente de ella: “estoy sintiendo algo”.
  • Diferenciar: “¿qué estoy sintiendo?
  • Dar espacio a la emoción y permitirnos sentirla.
  • Aceptar que eres humana y que no siempre tienes que sentirte bien y está bien así.
  • Regularte: una vez que te has dado el espacio necesario puedes preguntarte, “¿qué puedo hacer en este momento para sentirme mejor?”.

Espero que estas pautas puedan ayudarte. Te abrazo muy fuerte estés donde estés.