Vivimos en una época marcada por la abundancia de opciones, estímulos y posibilidades. Podemos elegir casi todo: qué consumir, qué estudiar, dónde vivir, con quién relacionarnos. Y, sin embargo, cada vez es más frecuente experimentar una sensación persistente de vacío, como si nada terminara de ser suficiente.
En consulta, esta vivencia aparece de múltiples formas: personas que alcanzan objetivos importantes, pero no logran disfrutarlos, otras que viven proyectadas hacia el futuro, o quienes sienten que siempre deberían estar en otro lugar distinto al que están.
¿Qué explica esta insatisfacción constante?
El deseo como motor… y como trampa
Desde una perspectiva evolutiva, el ser humano está diseñado para desear. Este impulso ha sido fundamental para nuestra supervivencia. Sin embargo, cuando el deseo se experimenta como una exigencia constante (y no como una elección), se transforma en una fuente de malestar.
La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), desarrollada por Steven C. Hayes, plantea que gran parte del sufrimiento psicológico no proviene tanto de lo que sentimos, sino de cómo nos relacionamos con nuestra experiencia interna.
En este sentido, la insatisfacción constante puede entenderse como el resultado de una lucha permanente contra el momento presente: una mente que evalúa, compara y señala continuamente lo que falta.
El ciclo de la insatisfacción y la adaptación hedónica
Muchas personas quedan atrapadas en un patrón repetitivo:
- Surge un deseo (“necesito esto para estar bien”).
- Se orienta la conducta hacia ese objetivo.
- Se consigue.
- La satisfacción es breve.
- Aparece un nuevo deseo.
Este fenómeno se relaciona con la adaptación hedónica, pero desde ACT también puede leerse como una forma de fusión cognitiva: la persona queda atrapada en la idea de que “cuando consiga X, entonces estaré bien”, tomando ese pensamiento como una verdad literal en lugar de verlo como un evento mental.
El espejismo del “cuando tenga…”
Una de las claves en ACT es entender cómo el lenguaje construye realidades psicológicas. Pensamientos como:
“Cuando encuentre pareja, me sentiré completo”, “cuando tenga este trabajo me sentiré tranquilo/a”.
No son hechos, sino productos de la mente.
Cuando estamos fusionados con estos pensamientos, organizamos nuestra vida en torno a ellos, posponiendo el bienestar. Además, esta dinámica suele ir acompañada de evitación experiencial: intentamos alejarnos de sensaciones incómodas (vacío, incertidumbre, inseguridad) buscando soluciones externas constantes.
El problema es que, aunque estas estrategias pueden funcionar a corto plazo, a largo plazo refuerzan el mismo patrón de insatisfacción.
Factores actuales que amplifican la insatisfacción
- Comparación constante en redes sociales.
- Cultura de la inmediatez.
- Exceso de opciones.
- Autoexigencia elevada.
- Desconexión de valores personales.
Desde ACT, muchos de estos factores alimentan la desconexión con el momento presente y refuerzan la idea de que siempre deberíamos estar en otro lugar distinto al que estamos.
Cuando la mente se convierte en el problema
La mente no está diseñada para hacernos felices, sino para resolver problemas y detectar amenazas. Por eso, tiende a enfocarse en lo que falta, en lo que podría ir mal o en lo que aún no hemos conseguido.
Cuando seguimos ciegamente esta lógica, entramos en lo que se denomina una vida dirigida por reglas (“debería estar mejor”, “esto no es suficiente”), lo que incrementa la insatisfacción.
¿Cómo trabajar la insatisfacción?
El objetivo no es eliminar la insatisfacción, sino cambiar la relación con ella.
Algunas claves:
- Defusión cognitiva: aprender a tomar distancia de los pensamientos (“estoy teniendo el pensamiento de que no es suficiente”) en lugar de actuar automáticamente en función de ellos.
- Aceptación: abrir espacio a emociones incómodas sin intentar eliminarlas constantemente.
- Contacto con el momento presente: desarrollar la capacidad de estar aquí y ahora, en lugar de vivir en escenarios pasados o futuros.
- Valores: identificar qué es realmente importante para la persona, más allá de expectativas externas o comparaciones.
- Acción comprometida: orientar la conducta hacia esos valores, incluso en presencia de incomodidad.
Desde este enfoque, la pregunta deja de ser “¿cómo elimino esta sensación?” y pasa a ser “¿qué tipo de vida quiero construir, incluso con esta sensación presente?”.
La insatisfacción forma parte de la experiencia humana. No es un error, ni un fallo personal. Sin embargo, cuando nos fusionamos con la idea de que “nunca es suficiente”, podemos quedar atrapados en una búsqueda interminable.
ACT propone un cambio sutil pero profundo: dejar de luchar por sentirnos siempre satisfechos y empezar a construir una vida con sentido, incluso cuando la mente nos diga que no es suficiente.
Porque, en muchos casos, el problema no es la insatisfacción en sí sino la relación que establecemos con ella.
Soy Marisa Maza y tengo la suerte de poder ejercer como profesión, mi gran pasión: la psicología.
Actualmente, llevo ya unos años con mi propia aventura emprendedora y dirijo mi propio centro de psicología en Santander atendiendo, tanto de forma presencial como online.
Mi compromiso es ayudarte a recuperar tu salud mental. Será un placer para mí acompañarte si así lo decides.




