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Cuando una persona viene a mi consulta por primera vez recojo amplia información de lo que está viviendo y vamos, poco a poco, trazando un camino que nos permita ir avanzando en su proceso. Me gusta decir siempre, desde el primer momento, que se trata de un proceso que requiere un rol activo por su parte y de que yo, como profesional, puedo sugerir alguna pauta que considero adecuada, pero que siempre serán ellos los que decidan si llevar a cabo o no.

Nunca he entendido que algunos profesionales de la salud, bien sean psicólogos, nutricionistas, médicos… echen la bronca a sus pacientes. A menudo me encuentro en consulta con la situación de ver cómo habiendo sugerido cierto ejercicio o actividad y la persona acude sin la “tarea” hecha y viene con miedo a decirte que no lo ha hecho, baja la cabeza y la mirada esperando la bronca que en otras tantas ocasiones algún profesional le ha propinado. Opino que, desde el miedo o la imposición, poco se va a conseguir y que, como profesionales de la salud, parte de nuestro trabajo es ver qué está pasando. Puede que la persona no haya hecho esa tarea porque no se haya sentido cómod@ con ella, o quizá hay ciertas resistencias (conscientes o inconscientes) que actúan como mecanismo de defensa, o no ha comprendido bien la finalidad. Sea lo que sea, es conveniente abrir una conversación en la que se pueda hablar sobre ello y seguramente en esa conversación se descubran muchas cosas interesantes. Reñir no va a aportar nada bueno a la terapia, al contrario, es probable que el vínculo terapéutico se deteriore y surja desconfianza, inseguridad y sensación de falta de valía.

Es frecuente, por otra parte, que algunas personas acudan a consulta por primera vez esperando que el profesional haga todo el trabajo o diga una frase que lo todo cambie y que sus dificultades se solucionen de forma casi mágica. También es importante, por lo tanto, corregir estas expectativas si las hubiera. Lamentablemente ni yo ni nadie tenemos varitas mágicas ni bolas de cristal en las que adivinar lo que va a ocurrir. Acudir a terapia supone tiempo (más o menos dependiendo de muchos factores y también de la evolución de la propia persona), requiere de dedicación y trabajo por ambas partes, de un camino de autoconocimiento lo que supondrá encontrarte con cosas que quizá no te gusten y te remuevan.

Los psicólogos no damos consejos, ese no es nuestro trabajo. Consejos te los puede dar una amiga, una vecina y realmente, hoy en día, te da consejos hasta el panadero del barrio. Si un psicólogo te da un consejo estaría asumiendo que él o ella sabe mejor que tú mism@ lo que necesitas y no es así. Recuerda que tú eres la/el mayor expert@ en ti mism@. Dar consejos provocaría una escena totalmente asimétrica en la que el profesional se coloca por encima dando a entender que él o ella saben mejor que tú lo que debes hacer.

¿Qué hacemos entonces l@s psicólog@s?

Un psicólog@ es un profesional de la salud que escucha, de forma activa, las necesidades de la persona sin juzgarla. Es una persona, como tú, pero que se ha formado acerca de las estructuras internas, recursos, emociones y conductas de las personas y te ayuda a entender cómo se ha ido generando el problema y qué lo está manteniendo, de tal forma que se puedan sustituir esas estructuras que hacen sufrir a la persona por otras más adaptativas para su vida. Cada proceso terapéutico es único ya que, aunque como seres humanos podamos tener estructuras comunes nunca serán idénticas. Además, los factores, experiencias de vida, entorno, personalidad… de cada individuo van a ser diferentes, por lo que las soluciones también lo serán.

La función del psicólog@ es acompañarte, guiarte, aportarte alternativas a tus problemas y opciones que quizá no te habías planteado, ya que cuando estamos muy fundidos en nuestro problema resulta muy difícil tomar cierta distancia para poder ver las cosas con otra perspectiva y que así puedan surgir alternativas de actuación y de pensamiento. Precisamente, es ahí donde el psicólog@ juega un papel clave, pues es una persona ajena a tu problema y sin una vinculación emocional contigo, más allá del tan necesario vínculo terapéutico. Eso nos permite a los psicólog@s poder acompañar como lo hacemos y aportar luz en la oscuridad, pero es la persona que acude a consulta quién decide finalmente qué hacer o qué no hacer, quien es libre de dar sus propios pasos. Un buen profesional no te dará consejos y te dirá lo que debes hacer y menos aún desde la autoridad y el miedo. Una vez leí una frase que decía algo así: un psicólog@ es una linterna para quien ya tiene el mapa.

Si tienes dudas acerca de si necesitas ir a un psicólog@ y en qué exactamente te podría ayudar, puedes solicitar una primera cita informativa en la que romper el hielo y encontrar respuesta a tus preguntas.