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Muchas de las consultas que recibo son de personas que quieren cambiar sus hábitos de alimentación. Las razones para ello son diversas, bien para mejorar su salud, adelgazar, prevenir posibles trastornos en un futuro, aprender a tener un mayor control sobre lo que comen…, pero todas ellas tienen algo en común, el deseo de tener una relación más sana con la comida.

La mayoría de las personas somos conscientes de lo íntimamente relacionadas que están las emociones con lo que comemos y la forma en la que comemos. Muchas veces uno come sin hambre fisiológica, con el objetivo (a menudo inconsciente) de llenar un vacío emocional. Al comer, incluso en ocasiones de forma compulsiva, la persona seguirá sintiendo esa tristeza, soledad, miedo, aburrimiento o la emoción que lo gobierne, ya que la comida producirá un ligero bienestar en el momento de la ingesta o, como mucho, unos minutos después de esta. Pero tras ese pequeño alivio, la persona se encontrará incluso peor que al principio, acompañándole una gran sensación de fracaso, frustración y, a menudo, culpabilidad ya que su vacío respondía a una emoción y la comida no será capaz de llenarlo.

Este patrón de conducta “vacío emocional-ingesta compulsiva-sentimientos de culpabilidad-vacío emocional” es a menudo descrito por las personas que acuden a mí. Cuando esto ocurre, suelo preguntar a estas personas qué es lo que sienten, piensan y hacen en estas situaciones. También aquí me encuentro muchos círculos que se repiten, pues la mayoría de estas personas viven esos momentos con gran ansiedad y con reproches hacia sí mismos. Observo la crueldad con la que se tratan, el lenguaje que utilizan y me doy cuenta de que su relación con la comida no es sana porque, cuando uno come desde el amor, estos sentimientos no tienen cabida. Comen desde el miedo, contando calorías, pensando en cómo va a sentar lo que comen, adoptando una perspectiva dicotómica de alimentos buenos o alimentos malos.

Tanto en consulta como en mis charlas, insisto mucho sobre el hecho de que las dietas muy restrictivas no sirven para nada y en la importancia de conocerse a uno mismo e identificar lo que nuestro cuerpo necesita en cada momento. No hay una forma de alimentarse estándar que sea la mejor para todo el mundo, sino que, cada persona, tendrá que ir descubriendo cuáles son los alimentos, cantidades, formas de cocinado más adecuadas para obtener toda la energía necesaria y sentirse centrados y en equilibrio. Por eso, siempre invito a experimentar, probar y dejarse llevar sin miedo, vibrando en la energía del amor. Puede ser un proceso de autoconocimiento muy bonito en el que uno se va descubriendo y va queriéndose cada vez más, ya que la relación que establecemos con la comida es reflejo de cómo uno funciona en otras áreas de su propia vida.

Cuando nos privamos de muchos alimentos y consideramos muchos de ellos como “alimentos prohibidos” nos adentramos es una situación que no se puede mantener en el tiempo. Habrá quien pueda sostenerlo una semana, habrá quien pueda hacerlo un mes, pero SIEMPRE e INEVITABLEMENTE el excesivo control nos llevará al descontrol. Por eso, una de las claves principales, es convertir el acto de comer saludable en un hábito de vida y no en una moda pasajera. Alimentarse bien ha de ser algo que hagamos porque somos conscientes de la importancia que tiene la forma en la que nos nutrimos, conscientes de que la calidad de nuestra energía dependerá de la calidad de los alimentos que ingerimos y que nuestro cuerpo, que es tan agradecido, se sentirá mucho mejor si así lo hacemos. Conozco muchas personas que se pasan la vida a dieta, que han probado absolutamente todas y cada una de ellas y que su peso sube y baja constantemente, lo cual es fatal para la salud.

Aun con esto, si nunca nos permitimos ningún “capricho”, ninguna libertad, llegará el momento en que nos descontrolemos. Por eso, hoy os doy algunas claves esenciales para alimentarse desde el amor y no desde el miedo.

  • Es importante, en primer lugar, tomar conciencia de la importancia y el efecto que tiene la alimentación en nosotros y, no solo en lo que se refiere a la parte física, sino también a la parte mental y emocional. Así pues, una buena educación nutricional es fundamental.
  • Ser compasivos con nosotros mismo sin caer, por supuesto, en el victimismo. Hablarnos más bonito, darnos tiempo y aprender de aquellas circunstancias que aún se nos resisten o que nos cuestan mayor esfuerzo.
  • El hecho de comer bien será una filosofía de vida, un hábito que iremos creando poco a poco y con respeto hacia uno mismo. Los pequeños cambios nos llevarán al gran cambio deseado, además irás aprendiendo a escuchar a tu cuerpo ya que él te habla, no con palabras, pero nos habla constantemente y, cuando uno empieza a cuidarlo, comienza también a entender este lenguaje y, por tanto, a estar más conectados con nuestras sensaciones nociceptivas de hambre y saciedad.
  • Una clave para mí fundamental es la FLEXIBILIDAD, pues, como he comentado anteriormente, si uno se centra en llevar una dieta a raja tabla, llegará el caos tarde o temprano. Sin embargo, si nuestra tónica es comer bien, pero permitiéndonos libertades, estaremos mucho más equilibrados y comeremos desde el amor y no desde la culpa o el miedo.
  • Es normal que, al principio, todo esto cueste mucho y que uno piense que los cambios no se van a producir, pero insisto en que es un proceso y si uno es constante los cambios serán cada vez más perceptibles. Te invito a que no decaigas, a que te digas cosas agradables cuando pienses que has “fracasado” y continúes con ello.
  • Cuando uno empieza a cuidar su alimentación no es extraño encontrarse con personas del entorno que traten de sabotear nuestra decisión. A veces, puede resultar difícil explicar el por qué uno ha decidido tomar ese camino. Como he mencionado anteriormente los motivos pueden ser diversos, bien por problemas de salud, por prevención, para perder peso… Sea cual sea el motivo, recuerda que tu salud es innegociable y esto es precisamente lo que puedes argumentar cuando esas personas traten de sabotear tus intenciones. Puedes explicarles, si es tu caso, que has tenido algunos problemas de salud y que, desde que comes bien, te encuentras muchísimo mejor. Si, a pesar de eso, siguen insistiendo, no te molestes en dar más explicaciones, entiende que, estas personas ahora mismo están en otro nivel de conciencia en cuanto a la importancia de una buena alimentación y tú continúa con lo tuyo. Recuerda, tu salud y tu bienestar son innegociables.
  • Por último, no son extraños los casos en los que es uno mismo su propio saboteador. De ser este tu caso, hazte algunas preguntas cuando tomes conciencia de ello. ¿Qué es lo que realmente quiero?, ¿saco de forma inconsciente alguna ganancia secundaria de esta situación?, ¿cuáles son los cambios que deseo en realidad?, ¿hago esto por mí mismo o lo hago por presión exterior?, ¿qué me motiva?, ¿hay algo que me de miedo de este cambio que estoy iniciando? Preguntas de este tipo te ayudarán a centrarte en lo que realmente quieres y en el camino que debes seguir para conseguirlo. Si solo te resulta muy difícil, contacta conmigo y estaré encantada en ayudarte.