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Muchas personas tienen la idea de que meditar es dejar la mente en blanco o alcanzar algún estado cercano al nirvana. Yo, hace tiempo, también solía pensarlo y meditaba con el objetivo de conseguir un fin concreto, de obtener una paz que ansiaba en aquellos momentos de mi vida en los que la ansiedad y los miedos asomaban. Me frustraba al no conseguir tales objetivos. Pensamientos como “yo no valgo para esto”, “esto no sirve para nada” o “quizá no lo estoy haciendo bien”, aparecían por mi mente en forma de resistencias ante una práctica desconocida y sobre la que había puesto expectativas poco realistas.

A continuación, voy a contarte algunas de las cosas que he aprendido sobre la meditación en mis años de práctica y de enseñanza. En algunos aspectos puede que mi opinión conecte contigo (si practicas la meditación) y te veas reflejado, en otros quizá no, ya que la práctica meditativa es única y diferente en cada persona e, incluso, varía dentro de una misma persona según el día, el momento, la situación o cualquier otro factor que se nos pueda escapar.

En una ocasión un profesor dio una definición de lo que era la meditación para él: “Meditar es sentarse y sentirse”. Me pareció un buen concepto simplificado que nos puede ayudar a hacernos una idea de lo que es meditar. Podemos meditar de muchas maneras. En Mindfulness solemos hablar de prácticas formales (me siento, cierro los ojos y me centro en la respiración, por ejemplo) y prácticas informales (elijo una actividad de mi vida diaria como, por ejemplo, cepillarme los dientes y lo hago con toda mi atención). Mindfulness entendido como atención plena es una herramienta que invita a conectarse con el momento presente, el aquí y ahora y, al hacerlo, se despierta una consciencia de ese momento presente en la que no emitimos juicios ni valoraciones y aceptamos lo que viene tal cuál es. Mindfulness no deja de ser la base de toda meditación, el comienzo de todo, luego ya la meditación engloba mucho más. Hay muchos tipos de meditación. En mi caso, practico la meditación Zen, pero tampoco voy a entrar a definir tipos de meditación.

Me gusta meditar a diario, para mí se ha convertido en una rutina más y lo necesito en mi día a día. También es frecuente que, en algunas de mis sesiones con pacientes, reserve unos minutos para este tipo de práctica. La gente se suele relajar bastante y, es frecuente que lo confundan con un ejercicio de relajación y que, en consecuencia, cuando lo practiquen en sus casas, busquen tal fin.

Es cierto que, si realizas de manera puntual, un ejercicio de Mindfulness o meditación lo más probable es que te relajes, pero también es cierto que, si incorporas la meditación diaria tarde o temprano, habrá días y momentos en los que no te relajes, sino que, te remuevas y te encuentres incluso peor. Mi maestro Zen hizo un día, en una de sus clases, la siguiente comparación.

Imagina que estás en tu casa y te das cuenta de que hace tiempo que no limpias, eres consciente de la suciedad más superficial que hay, de lo que se ve más a simple vista, pero es el día en que te pones a limpiar a fondo cuando te das cuenta de toda la mierda que había. Lo mismo ocurre con nosotros. En nuestro día a día estamos inmersos en todo lo que tenemos que hacer (hacer, hacer, hacer…), en las preocupaciones, responsabilidades… tanto que no nos paramos en ver cómo estamos y si, de repente conectamos con ello, tendemos a no querer verlo porque a todos nos cuesta conectar con nuestra propia oscuridad. Lo que solemos hacer para evitar sentir y conectar es anestesiarnos con otras cosas (voy aquí, voy allá, bebo unas copitas y así no pienso, como de forma emocional para llenar vacíos que siento y esto me da cierto alivio momentáneo y así no siento y así sigo sin tener que hacer frente aquello que me duele, que me asusta…)

Pues bien, cuando meditamos para empezar PARAMOS algo a lo que no estamos acostumbrados por el ritmo de vida que llevamos y, para seguir, al estar en silencio con nosotros mismos, con nuestros pensamientos, sensaciones, emociones… miramos hacia dentro, CONECTAMOS  y nos damos cuenta de toda la mierda que pueda haber, porque sí, todos tenemos nuestras mierdas, nuestra oscuridad y la única forma de sanar esto es atendiéndolo, dándonos cuenta de que todo tipo de emociones forman parte de nosotros, también aquellas que no nos gusta sentir o reconocer (envidia, ira, frustración, vulnerabilidad, vacío, soledad, inseguridad…) y está bien que sea así porque son parte de tu naturaleza humana. Eso también es meditar y eso, a veces, no es agradable.

Es importante tener presente el concepto de ACEPTACIÓN, palabra que, si no es bien entendida, puede tener una connotación negativa. No hablo de una aceptación pasiva que es sinónimo de resignación, sino de una aceptación activa que implica empatía hacia uno mismo o hacia otros, compromiso y acción dirigida a aliviar el sufrimiento. Cuando conectamos con nuestras partes oscuras en meditación no nos juzgamos, sino que reconocemos lo que hay, lo observamos y lo atendemos si es necesario.

¿Te animas a empezar?