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Por desgracia, los trastornos de ansiedad se han convertido, a día de hoy, en algo muy común entre la población mundial. En consulta puedo ver cada día pacientes con diferentes problemas y demandas en los que la ansiedad está de base.

Esto no es extraño teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad capitalista y extremadamente demandante en la que se valora a las personas por su capacidad para producir, por lo que vivimos con el piloto automático encendido y en modo “hacer”. Además, desde que somos pequeños, nos inculcan la idea de que tenemos que competir con otros y con estos mensajes vamos, poco a poco, asumiendo que los recursos son escasos, que no hay para todos, por lo que competir es la única alternativa.

Pocas veces nos permitimos relajarnos y simplemente ser y estar en el mundo. Esta permanente proyección al futuro hace que, inevitablemente, suframos los molestos y, en muchas ocasiones, limitantes síntomas de la ansiedad.

¿Qué tipo de sintomatología se experimenta al tener ansiedad?

Esta puede ser variada y cada persona puede vivirlo de forma diferente, pero lo habitual es tener síntomas de este tipo:

  • Físicos: sensación de ahogo, dificultad para respirar, sudoración, mareos, náuseas, cefaleas tensionales, alteraciones digestivas…
  • Cognitivos: rumiación de pensamientos, bucles mentales, pensamientos catastrofistas, anticipación…
  • Emocionales: miedo, apatía, desmotivación, frustración, impaciencia, mala gestión de incertidumbre, susceptibilidad, vulnerabilidad, sensación de desprotección, desconexión, despersonalización, soledad, sentirse incomprendido, vergüenza, baja autoestima e incapacidad…

Si has sufrido alguna vez algo de esto, coincidirás conmigo en que no es nada agradable y puede llegar a resultar sumamente molesto e incapacitante hasta el punto de paralizarnos. Lo sé, yo también sé lo que eso por propia experiencia (sí, los psicólogos no estamos libres de sufrir ansiedad) y también por experiencia profesional, pues son muchas las personas que, como ya te he comentado, acuden a consulta por este motivo.

Pero, ¿es la ansiedad siempre negativa o puede llegar a tener una función importante en nuestras vidas? La ansiedad es un estado de alerta ante situaciones que consideramos amenazantes. Es un mecanismo adaptativo y, si hemos sobrevivido como especie, es en parte gracias a la ansiedad que nos ha permitido reaccionar ante estas amenazas reales. También es un mecanismo universal, se da en todas las personas.

Como animales que somos hay dos formas principales de reacción. Ante una situación amenazante tendemos a realizar dos evaluaciones. Una evaluación primaria en la que analizamos la situación y hacemos balance de los recursos que requiere tal situación y una evaluación secundaria en la que nos hacemos conscientes de los recursos con los que contamos para ello. Si el balance de nuestros recursos es escaso, lo más probable que es huyamos de esa situación, mientras que, si creemos que contamos con recursos suficientes, nos enfrentemos a ella.

Reaccionar así ante una situación real de peligro es adaptativo e, incluso, nos puede salvar la vida. El problema viene cuando nuestro cuerpo, mente y emociones se activa sin que exista un peligro real y es que nuestro cerebro no distingue entre lo real y lo que imaginamos. Por tanto, se producen los desagradables síntomas de la ansiedad en ambas opciones.

Voy a ponerte un ejemplo de amenaza real. Vas caminando por la calle y notas que alguien te sigue y además ves que lleva una navaja en la mano. ¿Qué opciones hay aquí? Una sería enfrentarte a tu atacante y dos salir corriendo tanto como puedas y esto puede literalmente salvarte la vida.

Un ejemplo de peligro no real sería el siguiente. Imagina que eres una persona tímida e insegura y te invitan a una cena a la que, realmente, te apetece mucho ir, pero en esa cena van a ir muchas personas y empiezas a anticipar todo tipo de situaciones en las que te ves a ti mismo sin saber de qué hablar, en las que empiezas a tartamudear y todos se ríen de ti. Esto sería lo que se conoce como fobia social (ubicada dentro de los trastornos de ansiedad) que no deja de ser otra cosa que el miedo a exponerse a situaciones sociales en las que los demás puede realizar una valoración negativa sobre ti. ¿Opciones que tienes? Una vez más huir o enfrentarte. La estrategia de huir/evitar (que, en este caso, sería no ir a la cena) te puede funcionar, ya que al llamar por teléfono para avisar de que no vas sentirás un gran alivio de tus síntomas hasta que desaparezcan, pero esta estrategia funciona solo a corto plazo. Sin embargo, a medio y largo plazo te vas a sentir mal por dejar de hacer planes que, en realidad te apetecen, pero que evitas por miedo a lo que pueda ocurrir. Así, sin darte cuenta estás alimentando y fortaleciendo tu ansiedad mediante un refuerzo, ya que, ¿qué crees que harás la siguiente vez que haya un evento de este tipo? Muy probablemente evitarlo porque has aprendido que, de esta forma, los síntomas decrecen. A medio-largo plazo te vas a sentir mal, te vas aislando y comienzas a evitar cada vez más situaciones en las que te tengas que exponer a grupos de personas. Por esto, cuando las personas llegan a consulta y me piden que les ayude a evitar la ansiedad yo siempre les digo que eso no es lo que necesitan, pues ellos ya son unos grandes expertos en evitarla. Si acabas de darte cuenta de que tú también haces esto, no te sientas culpable, es lógico que lo hagas. Al final, nos han enseñado desde niños a evitar los peligros e, insisto, cuando el peligro es real es una estrategia que funciona. El problema no es sentir ansiedad, ni tan siquiera los niveles de ansiedad que puedas llegar a sentir. El problema es lo que tú haces con la ansiedad y el problema es que, muchas veces se reacciona con una estrategia de evitación, cuando no hay ningún peligro, simplemente tu mente imaginando un sinfín de escenarios y situaciones que rara vez tienen lugar.

Ante esto, por lo tanto, puede ser mucho más beneficioso utilizar una estrategia de enfrentamiento o, lo que es lo mismo, exponerte a ese tipo de situaciones que tanto te asustan. Lo sé, ahora estarás pensando “no puedo hacer eso” o “qué fácil decirlo”. Siento decirte que has de pasar por ello si quieres hacer frente a la ansiedad. En vez de luchar contra esos síntomas, permítete sentirlos y comprobar que, efectivamente, son muy molestos, pero en sí mismos no son peligrosos, eres tú y tu mente lo que hace que parezcan un peligro. De esta forma, al exponerte y ver que puedes, vas reforzante el poder vivir este tipo de situaciones y a que no hay necesidad de evitarlas. Insisto, la ansiedad no se va a ir de un día para otro, es más puede que nunca se vaya del todo, pero te aseguro que tu relación con ella va a cambiar de tal forma que ya no te limite ni te impida hacer aquello que te apetece.

Piensa en los valores que son importante para ti en la vida y ve hacia ellos con o sin ansiedad. Lo peor de sufrir un trastorno de ansiedad es esa desconexión de lo que realmente es importante en la vida de las personas, es el perderse la vida porque uno está centrado es el miedo y no se permite vivir la vida que quiere. Cambia la relación con la ansiedad y tu vida cambiará. Como he mencionado antes, la ansiedad es un mecanismo universal, entonces ¿por qué en algunas personas se vuelve un problema y en otras no? Pues precisamente por esto que te acabo de explicar.

Sé que muchas veces recorrer este camino solo puede ser muy difícil y más aún cuando se lleva mucho tiempo sufriendo. Busca un buen profesional que te acompañe si lo ves necesario. Empieza a tratar el trastorno de ansiedad ya y recupera tu vida y tus ilusiones.