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¿Has oído hablar de las personas altamente sensibles? Hoy escribo acerca de este rasgo, de mi propia historia y de lo que he aprendido de él.

A día de hoy tengo consciencia de que soy una persona altamente sensible (PAS), pero no siempre fue así. Viví una infancia feliz, con algunas carencias debido a la ausencia de un padre vivo, pero alejado tanto física como emocionalmente. Por lo demás, en general, me recuerdo como una niña alegre, entusiasta, activa y llena de vida. Esta es la cara A de lo que yo era, la imagen que yo proyectaba y que otros percibían de mí. Los profesores solían decirle a mi madre que era la típica niña feliz y que me entretenía jugando con cualquier cosa dejando volar la imaginación. Pero yo también recuerdo una cara B que parecía que nadie más notaba, o quizá sí… En esa cara B recuerdo a una niña que sufría, que se sentía muchas veces sola o incomprendida, que necesitaba alejarse a ratos en los recreos porque el bullicio y el exceso de estímulos le aturdían, que daba importancia a cosas a las que otr@s no parecían darle ninguna, que conectaba fácilmente con el dolor de l@s dem@s, que se emocionaba y lloraba o reía fácilmente y, en definitiva, que percibía lo que le ocurría de una forma distinta a la mayoría o, por lo menos, a la mayoría de los que le rodeaban.

Así crecí ocultando una parte de mí, que sentía diferente, por miedo a ser rechazada o juzgada, ya que las veces que la dejaba asomar recibía críticas por ello. Son incontables las veces que otras personas me han dicho “es que eres demasiado sensible” y el tono de su voz y la expresión de sus caras me hacían notar que eso no era algo bueno. Así, durante muchos años, pensé que había algo malo en mí.

En el año 2015 paseando por una librería (algo habitual en mí) encontré un libro “El don de la sensibilidad” de Elaine Aron. Casi por primera vez en mi vida veía asociada la sensibilidad a algo positivo (¡un don!), así que no dudé en comprarlo y devorarlo en dos días.

Para mí leer este libro supuso un antes y un después ya que comencé a comprender muchas cosas que, hasta entonces no entendía. Además, el hecho de poner un nombre y una descripción a lo que me pasaba y el saber que había un montón de personas como yo hizo que, al fin, se fuera la idea de que algo en mí no funcionaba bien.

Te describo algunos de los rasgos de las PAS:

  • Mayor reflexión sobre las cosas, mayor profundidad de análisis y observación de lo que nos rodea. Hace, por tanto, que cultivemos más nuestra parte espiritual y alcancemos un mayor autoconocimiento, pero también nos podemos enganchar en pensamientos más fácilmente y darle vueltas de más a una preocupación o idea.
  • Intuición más desarrollada. Al observar más, se va desarrollando algo así como un sexto sentido.
  • Mayor intensidad emocional. Para una PAS es complicado retener una emoción y lloramos o reímos con facilidad. Nos emocionamos ante cosas como un paisaje, una canción o la belleza de la naturaleza.

¿Qué ocurre si contenemos todo esto? Te explico. En la sociedad en la que vivimos se fomenta esta contención de emociones (más aún si eres un hombre, recuerda, “los hombres no lloran”). Pero, al final, la emoción contenida tiene que salir de alguna forma. Por eso, es más frecuente entre PAS poder tener migrañas, dolores musculares, fibromialgia, trastornos digestivos, endometriosis… pues es la forma que encuentra el cuerpo de expresar lo que se ha contenido a nivel emocional. Esto no quiere decir, que este tipo de trastornos se deban únicamente a emociones contenidas (pues son multifactoriales), pero sí es un factor que contribuye a ello. Tampoco quiere decir que todas las personas que padezcan estas dolencias físicas sean PAS, ni que todas las PAS desarrollen este tipo de trastornos.

Pero sí, que las PAS pueden tener una mayor tendencia a ello que requerirá de un entorno que lo potencie y desarrolle.

  • Personas muy empáticas, por lo que no es extraño que, much@s de nosotr@s, tengamos profesiones con un alto grado de implicación emocional. En mi caso, soy psicóloga y antes de ello estudié integración social., además de hacer voluntariado desde los 12 años.
  • Preferencia por espacios tranquilos, serenos y mayor comodidad en grupos pequeños.
  • Disfrute de la soledad y la necesidad de ella. Esto no quiere decir que seamos personas antisociales o necesariamente introvertidas, pero sí que necesitemos espacios para estar con nosotr@s mism@s y valoremos esto enormemente.
  • Más propensas a la ansiedad y más sensibles a las críticas. Nuestro sistema nervioso central y periférico se activa más fácilmente, por lo que nuestro umbral de sobreactivación se alcanza antes que en una persona sin este rasgo.
  • La satisfacción de las necesidades básicas, como el hambre o el sueño, tienen más importancia para una PAS. Mi pareja suele decirme que cuando tengo sueño o hambre (sobre todo sueño en mi caso) parezco un bebé. Me pongo irascible y tengo que cubrir esa necesidad.
  • A menudo nos sentimos diferentes.

Todas estas características tienen su parte positiva, pero también otra parte, que mal gestionada puede resultar no tan agradable y provocar mucho sufrimiento. De ahí la importancia de aprender a gestionarlo de forma adecuada para convertir la alta sensibilidad en un don, como decía Elaine Aron en su libro.

¿Qué puede ayudarte a esto?

  • Psicoeducación: identificar este rasgo y entenderlo es fundamental. El primer paso para poder gestionar cualquier cosa, es tener consciencia sobre ello e identificarlo.
  • Meditación y atención plena: las PAS somos personas soñadoras, analíticas, con tendencia al perfeccionismo y la autoexigencia. Esto hace que podamos “viajar” más fácilmente con nuestra mente, tanto al pasado como al futuro. Si retrocedemos en exceso al pasado y permanecemos allí gran parte del tiempo, podemos llegar a idealizar o revivir situaciones que sobre-analizamos. Esto puede provocar emociones como la tristeza, melancolía, nostalgia…

Por el contrario, si nos proyectamos en exceso al futuro (el cual siempre es incierto), aparecerá la sensación de agobio (acompañada obviamente de pensamientos y también síntomas a nivel físico), tensión y, muy probablemente, ansiedad.

¿Qué es esto de la atención plena? En palabras de Jon Kabat-Zinn, “es la consciencia que se despierta cuando, de forma deliberada, prestamos atención al momento presente sin juicios, simplemente aceptando lo que es”.

Este estar conectadas con el momento presente nos ayuda a parar, tomar consciencia y conectar con nosotr@s mism@s sea agradable o desagradable lo que podamos encontrar. Es una idea muy simple, pero compleja a la vez, pues si alguna vez has intentado meditar habrás comprobado la de veces que la mente se deja llevar por los pensamientos y se va de ese momento presente. La buena noticia es que la atención plena se puede entrenar.

  • Trabajo con la autoestima: la autoestima es dinámica así que podemos trabajar con ella para fortalecerla y mejorarla. Es fundamental hacerlo para sentirnos bien y aceptarnos con nuestras luces y sombras. También pedir ayuda profesional si notamos que sol@s no podemos.
  • Establecer un adecuado diálogo interno: tratarnos como merecemos y necesitamos (esto está muy ligado a la autoestima). También establecer un diálogo apropiado con el cuerpo (existen diversas técnicas corporales que nos pueden ayudar).
  • Momentos de autocuidado: necesarios para cualquier persona. Conectar con el placer, la satisfacción, la calma. Permitirnos parar es esencial y más en un mundo tan rápido como el que vivimos que puede ser realmente abrumador, más aún para una PAS.

Ahora que conoces más sobre este rasgo, quizá puedas entenderte y acompañarte mejor a ti o a las personas a tu alrededor de las que puedas sospechar que son PAS.

Puedes contactar conmigo para cualquier duda que te pueda surgir.

Te abrazo fuerte.

Marisa Maza