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La sociedad actual da una importancia excesiva a la apariencia y la imagen corporal, de tal forma que, cada vez más personas, viven preocupadas por este tema. La imagen corporal es un constructo que vamos creando desde que nacemos, teniendo especial importancia la niñez y la adolescencia en la formación del mismo. De esta forma, la idea acerca de nosotros mismos y de nuestra apariencia se puede mantener desde estas etapas tempranas del ciclo vital hasta la edad adulta, aunque es cierto que esta imagen es débil e inestable, como veremos más adelante.

En la construcción de nuestra imagen corporal, influyen diversos factores:

  • Factores perceptivos: hacen referencia a la estimación que hacemos de nuestro cuerpo o de algunas partes del mismo.
  • Factores cognitivo-afectivos: engloban pensamientos, creencias, sentimientos y actitudes hacia nuestro cuerpo.
  • Factores sociales: cánones de belleza establecidos por la sociedad, moda, influencias…
  • Factores conductuales: aquellas acciones y comportamientos que llevamos a cabo en relación a nuestra imagen y que están determinadas, en gran parte, por los factores anteriormente citados.

En aquellas personas que presentan algún trastorno de la conducta alimentaria, podemos ver una distorsión de la imagen corporal, bien de todo el cuerpo o bien de alguna parte o partes en concreto del mismo. Esta distorsión está siempre presente en casos de anorexia nerviosa, en los que los pacientes sobreestiman sus dimensiones, y, en menor medida en bulimia nerviosa y trastorno por atracones, incluso, muchas veces, no existe tal distorsión en estas dos últimas patologías.

Como se comentaba antes, la imagen corporal la vamos construyendo desde niños y, contribuye a que esta sea más o menos distorsionada, el haber recibido burlas en la infancia y/o la adolescencia por nuestro cuerpo, haber padecido sobrepeso a esta edad, modelos familiares o sociales no adecuados… pero, aunque esta distorsión puede acompañar hasta la edad adulta, es inestable, débil e incierta, por lo que a nivel de intervención psicológica, se debería trabajar sobre la misma a través de psicoeducación y diversas pruebas objetivas de realidad para, poco a poco, ir ajustando la percepción a la realidad. Es necesario que esta intervención sea llevada a cabo por un profesional de la psicología con formación específica en este tipo de trastornos.

Por otra parte, entre la población no patológica, también puede existir cierta distorsión, la cual llevaría a una insatisfacción con el propio cuerpo que lleva a las personas someterse a constantes dietas para tratar de bajar peso o, al menos, de no ganarlo. Hoy en día la delgadez se asocia con el éxito tanto personal como profesional, mientras que los kilos de más se asocian a personas vagas y con poca fuerza de voluntad. Además, con toda la oferta de alimentación y la alta accesibilidad a todo tipo de productos hipercalóricos y procesados, el estar delgados, para muchos, es algo costoso y difícil de mantener, lo cual lo hace más deseable.

Cuando no se consiguen los objetivos, es frecuente que surja la frustración y el malestar. Por eso, es clave trabajar la aceptación de uno mismo y entender que en la diversidad está la belleza y que es gracias a esta diversidad por lo que hemos sobrevivido como especie.

Te propongo un ejercicio: prueba durante al menos una semana a decirte algo bonito frente al espejo nada más levantarte. Hazlo además mirándote a los ojos. No tiene por qué ser algo de tu cuerpo, puedes ir intercalando. Al principio probablemente te cueste un poco si no estás acostumbrado, pero pruébalo. Puede que, en los primeros días, tengas que forzarlo y sentir que estás actuando, pero según avancen los días cada vez te saldrá de forma más natural y te sentirás cada vez mejor con el ejercicio.