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En las últimas décadas esta palabra está por todas partes “felicidad”, esa palabra mágica que parece ser el objetivo por alcanzar de todo el mundo.

Este concepto puede que sea uno de los más difíciles de definir, ya que para cada persona puede significar cosas muy diferentes y existen muchos mitos entorno a él. Además, en el concepto de felicidad influyen muchos factores. Podríamos decir que, algunos de ellos son más comunes y compartidos como “la felicidad implica tener una buena salud” y otros subjetivos que tienen que ver con aspectos personales e, incluso, culturales, pues probablemente, la definición variará según la cultura a la que se pertenezca, al igual que ha ido variando a lo largo de los diferentes momentos históricos.

Por todo esto, en este artículo tampoco vas a encontrar la definición real y verdadera de felicidad, ni los pasos para alcanzarla, ni fórmulas mágicas, pero espero que te aporte algo en lo que no deja de ser una opinión (mi opinión) sobre lo que he ido experimentando a nivel personal y profesional con las personas a las que atiendo en consulta. Creo que, incluso los aspectos subjetivos de los que hablaba anteriormente, pueden ser discutibles, o ¿acaso no has conocido nunca una persona con una enfermedad o con situaciones de vida muy duras y que, a pesar de ello, proyecta felicidad? Y un@ se pregunta, ¿cómo demonios lo hace?

Pues bien, de eso trata este artículo, de definir cómo pueden ser felices las personas a pesar de sus circunstancias. ¡Empezamos!

Somos seres pensantes y emocionales. Emociones y pensamientos forman parte de nosotr@s y no podemos apartarlas ni separarlas. Esto parece muy obvio, pero a menudo veo en consulta y, algunas veces en mí misma, cómo tratamos de luchar y apartar determinadas emociones y pensamientos de nuestro foco de atención. Primer error, luchar contra algo le da más fuerza.

El ser humano, como tal, posee un abanico muy amplio de emociones y eso nos hace especiales y maravillos@s. Nos invaden con la idea de que existen emociones buenas y emociones malas, pero, en realidad, no es así. Sí que es cierto que hay emociones que son más fáciles de aceptar y que nos gusta sentir y otras que son más complicadas de gestionar (a menudo porque no se nos ha enseñado) y no son tan agradables de sentir. A tod@s nos gusta estar content@s, relajad@s, ilusinad@s…, pero cuando nos sentimos tristes, frustrad@s, enfadados, dolid@s… luchamos por salir de ese estado. A veces, huyendo o distrayéndonos o enfadándonos todavía más con nosotr@s mism@s por estar así, lo cual hará que la emoción crezca y te desborde si no la regulas adecuadamente.

Una palabra clave en la felicidad es ACTITUD. Y no quiero que esto se confunda con que, si un@ no consigue cambiar su actitud es porque no quiere, muchas veces es una cuestión de que no sabe, de que se ha adquirido a lo largo de la vida una serie de patrones de pensamiento y modos de actuar que repite ante las situaciones que se presentan porque, en algún momento de su vida, resultaron útiles. Quiero que quede claro, ya que para nada mi intención al escribir esto es que alguien se pueda sentir culpable. Lo bueno es que un@ siempre puede cambiar y aprender a desarrollar un pensamiento justo con un@ mism@ y más compasivo y, al hacer esto, la emoción que lo acompañe también cambiará.

¿Cómo podemos hacer entonces?

  • El primer paso es permitirse sentir, sea la emoción que sea, la que toque en ese momento y escuchando atentamente porque seguro que algún mensaje tiene para ti.
  • Ante los problemas o las dificultades, intenta no entrar en bucle y, si te resulta muy difícil, date un tiempo limitado para “recrearte” en el problema. Me explico, si eres una persona que tiene tendencia al victimismo o a darle muchas vueltas a todo y estás tratando de cambiar esto, te va a resultar complicado dejar de hacerlo. Bueno, no pasa nada, esto forma parte del proceso de autoconocimiento. Te propongo lo siguiente, si identificas que tú tienes esa tendencia, concédete ese tiempo para rumiar un poco, pero pasado ese tiempo, intenta salir de ahí centrándote en las soluciones o alternativas. Si practicas este pensamiento, con el tiempo te irá costando menos. ¿De qué sirve quedarse estancado en el problema? te lo digo yo, de añadir sufrimiento a tu vida.
  • En otras ocasiones el problema no tiene solución o manera de repararlo. El caso más extremo de algo totalmente irreversible sería la muerte de alguien querido. Obvio que si esto ocurre vas a estar mal y, es que, lo adecuado y sano aquí es que lo estés. En estos casos, no queda otra que pasar tu duelo, tratando de transitarlo de la mejor manera posible y pidiendo ayuda si ves que te estancas en el proceso. Incluso, en estos casos, si lo miras de enfrente, sin huir del dolor ni resistencias, llegará la aceptación. Aceptar no quiere decir que ya no te importe, sino que podrás pensar en esa persona sin que el dolor te atraviese el corazón, sino desde el amor, el cariño y el recuerdo que, en cierto modo, mantiene vivo a tu ser especial que ya no está contigo físicamente. Y, si esto es aplicable a algo tan doloroso como es una pérdida, imagínate con los problemas cotidianos que, muchas veces en la distancia, nos damos cuenta de que no era para tanto.
  • Céntrate en SER y no en TENER o HACER. Muchas veces medimos nuestra valía por lo que tenemos y acumulamos o estamos obsesionad@s con hacer y hacer (ser productivos, sociedad capitalista) y tú eres mucho más que eso. Pocas veces nos permitimos simplemente ser y sentir.
  • Adquiere buenos hábitos cotidianos (alimentación, descanso, ocio…). Cuídate y quiérete como te mereces. Esto te ayudará a sentirte mejor y, por tanto, con una mayor claridad mental y grado de consciencia para tomar buenas decisiones y gestionar lo que venga.
  • Romper con los mitos: se tiende a pensar que la felicidad es un estado permanente, pero la felicidad son momentos, es apreciar lo que ES en cada momento. Ninguna persona en el mundo puede estar en constante estado de felicidad, es imposible, nuestra condición humana lo hace imposible y está bien que sea así. No idealices este concepto, ni idealices a otras personas, cada un@ tiene lo suyo y lleva su mochila y la realidad que tú ves es una realidad sesgada, al igual que también es sesgado lo que los demás ven de ti.
  • Relaciones personales: somos seres sociales, necesitamos de los demás y su contacto. Es importante reservar espacios para disfrutar de la compañía de otr@s y tratar de rodearse de personas que nos aporten y nos impulsen. Ayuda y sé amable con los demás.
  • También es importante concederse espacios para estar con un@ mism@, para mirar hacia dentro y tener un autoconocimiento profundo. Esto es un trabajo diario, pues estamos en constante movimiento y cambio.
  • Otro aspecto fundamental es AGRADECER. Tod@s tenemos cientos de cosas por las que dar las gracias y es bueno hacerlo para recordarnos lo afortunad@s que somos. Intenta incorporar este hábito a tu vida cuando abras los ojos por la mañana. Simplemente eso, el hecho de abrir los ojos, es el primer regalo que te ha dado el nuevo día.

Y, sobre todo, concédete los tiempos que necesites, asume que no eres perfect@ (¡ni falta que te hace!).