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“Silencio no es no hablar, silencio es escuchar”. El otro día mi maestro de meditación Zen dijo esta frase en clase y se abrió así el diálogo. Esto fue hace unos días cuando aún no teníamos idea de lo que iba a ocurrir con el Covid-19 que ahora nos está manteniendo en nuestras casas por seguridad y por responsabilidad social.

En estos días he pensado mucho en esta frase. El silencio es complejo y, para muchos, difícil de sostener. A muchas personas les incomoda y tienen que llenarlo cuando en una conversación se produce, de lo contrario se ponen muy nerviosas. Reconozco que, durante mucho tiempo, a mí a veces me ocurría, durante años no escuchaba ni me escuchaba. Mi profesión como psicóloga y mi práctica meditativa me ha ayudado y me ayuda a desarrollar esta habilidad de escuchar el silencio. Parte de los cambios que se producen en terapia es que l@s psicólog@s practicamos lo que llamamos escucha activa que consiste en escuchar a la persona con los 5 sentidos, sin juzgar y sin interrumpir. También respetamos los silencios que se producen ya que, en ellos, suele aparecer muchísima información valiosa. Es cuando se producen estos silencios respetados cuando la persona puede integrar la información y encontrar sus propias respuestas.

En estos días en los que todos estamos en nuestras casas podemos aprovechar esta oportunidad para aprender a escucharnos en nuestro silencio. El motivo por el que nos cuesta permanecer en silencio es que, cuando esto ocurre, nos enfrentamos a tener que escucharnos a nosotr@s mism@s, escuchar esa voz interior que nos habla, conectar con nuestras sensaciones físicas, nuestras emociones y nuestros pensamientos y esto puede resultar difícil y removedor. Entre el ruido del día a día y el hacer mil cosas no nos permitimos escucharnos y, así evitamos tener que enfrentarnos, por ejemplo, a tomar una decisión que nos asusta, a realizar cambios, a aprender a gestionar ciertas emociones, a transitar duelos… Es lógico que cueste ya que, desde pequeños, aprendemos a huir de aquello que no es agradable, sin darnos cuenta de que enfrentarlo y validar ese dolor es el primer paso para comenzar a gestionarlo.

Por este motivo es frecuente que, muchas personas cuando comienzan un proceso de psicoterapia tengan tentaciones de abandonar alegando que, desde que han comenzado la terapia, en lugar de encontrarse mejor, se encuentran peor. En estos casos, siempre invito a cultivar la paciencia, algo a lo que no estamos acostumbrados en un mundo en el que todo va tan rápido y todo es inmediato.

Te invito a cultivar esa paciencia, a atreverte a mirarte y a acompañarte en tu proceso si consideras que así te resultará más sencillo.